Mike Oldfield, un genio de la música «rock» convertido en leyenda a sus veinte, cumple hoy 67 años…

15/05/2020
Texto por: SAS
Fotos: © Virgin Records / Oldfield Music Ltd. / WEA / Universal Records / Internet

mikeoldfield.jpg

Mike Oldfield durante las sesiones de Ommadawn (1975), considerado por casi todos sus seguidores como su mejor creación, por encima del celebérrimo Tubular Bells (1973).

Todo buen fan de Oldfield que se precie considerará Ommadawn (1975, Virgin Records) como la mejor composición del multiinstrumentista británico, Mike Oldfield (yo incluido), por encima de su gran obra maestra compuesta con tan solo veinte años: Tubular Bells (1973, Virgin Records). Sin entrar ahora ya en la polémica de Amarok (1990, Virgin Records) –en la que ya nos meteremos en su debido momento–, lo cierto es que en la carrera del músico de Reading han habido luces y sombras: ¿más luces que sombras o quizá a la inversa…?

Este mes de mayo Mike Oldfield cumple ya sus 67 años y, pese a que hace tres que no nos regala ninguna de sus obras musicales  –su último trabajo fue Return To Ommadawn (2017, EMI Virgin)–, el músico ya ha tanteado varias veces su cuarta parte del famoso tubo… En esta entrada, repasaremos brevemente la vida y obra de uno de los más grandes genios de la mal llamada música «rock».

«Antes de ser el Oldfield que todo el mundo conocemos, Mike estuvo influenciado por el rock psicodélico y por el folk en varias formaciones previas antes de la publicación de Tubular Bells

La insoportable pesadez de la fama

Mike Oldfield, el famoso multinstrumentista nacido en Reading (Inglaterra) en 1953, antes de ser el Oldfield que todo el mundo conocemos, pasó por varias formaciones musicales como bajista en The Whole World y como guitarrista acústico en The Sallyangie (esta última junto a su hermana Sally). El primero era de rock psicodélico, el segundo mucho más próximo al folk y a la música tradicional inglesa. Esas dos fueron las influencias más fuertes que tuvo Oldfield a la hora de dar forma musical a Tubular Bells, la creación que, a sus recién cumplidos veinte años, le publicaría Virgin Records, no sin los recelos de Richard Branson, que lo catapultó a la fama mundial (tanto el álbum como Branson). Se dice que esa fama lo martirizó de tal manera que tan solo pudo soportarla sometiéndose a un controvertido programa de crecimiento personal llamado Exégesis en 1978.

BS-KB50-7 Mike and Sally Oldfield, The Sallyangie, London, 1968

Mike y Sally Oldfield, los hermanos que formaron en 1968 The Sallyangie, una banda de folk previa al éxito mastodóntico de Tubular Bells, disco de Oldfield ya en solitario.

El éxito monumental de Tubular Bells lo dejó tan paralizado que el músico tuvo que aislarse del mundo hacia la colina inglesa de Hergest Ridge para componer sus dos siguientes composiciones, el homónimo Hergest Ridge (1974, Virgin) y el aclamado Ommadawn (1975, Virgin).

Este último fue muy importante en la carrera musical del músico de Reading, ya que rivaliza por otorgarse el título de mejor álbum de Oldfield. Pese a que Tubular Bells fue el que lo lanzara al estrellato (disco que, a día de hoy, sigue vendiendo copias físicas), Ommadawn fue el disco que lo popularizó entre sus fans hasta tal punto que, hace apenas tres años, el guitarrista sacó la secuela titulada Return to Ommadawn (2017, Virgin/EMI), influido por una encuesta que el propio Oldfield hizo directamente a sus fans en una de sus redes sociales.

Fue esta trilogía de álbumes la que consolidó rápidamente a Oldfield como uno de los músicos más influyentes de todos los tiempos de la mal llamada música «rock». Muchos críticos no supieron cómo calificar lo que hacía Oldfield: no era ni rock sinfónico, ni rock progresivo, ni folk, ni rock psicodélico y, sin embargo, era todo eso a la vez, mezclado y reinterpretado desde el particular estilo de Oldfield, lo que le hizo merecedor del calificativo “sonido óldfico”.

«La mezcla de varios estilos del género rock como el sinfónico, el progresivo, el folk o el psicolédico, fue lo que se definió como “sonido óldfico” y lo que definiría al músico como uno de los más influyentes de todos los tiempos.»

Coqueteos y éxitos de Oldfield con la música «pop»

Debemos acelerar esta biografía y saltarnos unos cuántos discos y unos cuantos años en los que la fama de Oldfield crecía de manera progresiva hasta que se publicó Crises (1983, Virgin), álbum con el que su fama llegó a aumentar hasta cotas exponenciales. Para todo aquel profano en la música de Oldfield, si decimos que «Moonlight Shadow» fue una de las canciones contenidas en aquel álbum, muchos encontraran una explicación lógica a esa fama. Pero es que, además, en Crises había «Shadow On The Wall» y «Foreing Affair», dos de las canciones más radiadas de la carrera de Oldfield, con lo que el álbum casi superó en popularidad a su propio Tubular Bells y por el que obtuvo tres discos de oro y dos de platino.

05-sea-of-crises-crises

Parte del arte del disco Crises (Deluxe edition) (2013, Mercury Records), la reedición del disco original más material extra publicada en motivo de su 30º aniversario.

Oldfield descubrió, tras el éxito de Crises, una “fórmula pop” que explotó de manera consciente en sus siguientes trabajos de los años ochenta como Discovery (1984, Virgin), Islands (1987, Virgin) y Earth Moving (1989, Virgin), con los que fue acumulando más éxitos pop en su quehacer gracias a canciones como «To France», «Islands»  e «Innocent», respectivamente.

«Oldfield explotó conscientemente la “fórmula pop”, que había descubierto con Crises, en sus siguientes trabajos de los años ochenta.»

El eterno dilema de Amarok

En 1990, el contrato que Oldfield tenía con Virgin Records estaba a punto de expirar. Tan solo le faltaban dos álbumes más para publicar con la compañía discográfica propiedad de Richard Branson, y este (Branson) no hacía otra cosa que presionarlo constantemente para que hiciese un disco titulado “Tubular Bells 2″… El músico, harto por esa insistencia, compuso una canción-título-álbum al que llamó Amarok (1990, Virgin), considerado por muchos de sus fans, y por no tan fans, superior a Tubular Bells e, incluso, al mismísimo Ommadawn… Ojalá el que escribe estas líneas pudiera decir lo mismo de este álbum, pero, aunque reconozco que Amarok tiene fragmentos realmente soberbios, dignos de la genialidad de Oldfield, el disco, en general, no me parece que sea, ni mucho menos, el mejor de su discografía.

«Pese a contener algunas de las melodías más inspiradas en la carrera del de Reading, Amarok es demasiado conceptual y abstracto, y un poco aburrido en algunos momentos…».

De hecho, hay que tener valor para decir esto porque estoy seguro de que los fans a ultranza de Oldfield me crucificarán por estas palabras: el insistente “Happy…?” es al disco lo que Branson fue a Oldfield debido a su insistencia con “TB2”, pero eso no le hizo ningún favor al disco… También se oculta un explícito “¡que te jodan, Richard Branson!” en código morse, y la nota que hay en la contraportada es otra venganza personal de Oldfield hacia Virgin… Pese a contener algunas de las melodías más inspiradas en la carrera del de Reading, el álbum es demasiado conceptual y abstracto en según qué momentos y eso lo convierte en un disco un poco aburrido.

No hay espacio suficiente en esta breve biografía para poder hacer un análisis pormenorizado de lo que significó Amarok en la carrera de Oldfield (necesitaría hacer una entrada específica que, por cierto, no descarto hacer algún día). Como dijo el propio Oldfield ante la insistencia de Branson: “I am a rock”, solo que mucha gente aún no es consciente de que las rocas, con el paso del tiempo, también erosionan…

La época “New Age óldfica” con Warner

unnamed

Mike Oldfield durante su concierto de presentación de Tubular Bells II en Edimburgo, en 1992, recién fichado por WEA.

Sea como fuere, Oldfield acabó su contrato con Virgin tras Heaven’s Open (1991, Virgin), el álbum que le sucedió a Amarok y que, para muchos, fue el peor de toda su discografía… El primer trabajo que editó con WEA (la filial de Warner Music) fue precisamente el demandado Tubular Bells II (1992, WEA/Reprise). Branson estaba tirándose de los pelos por la “jugarreta” de Oldfield: TBII vendió la no ridícula cifra de dos millones de copias siendo número uno en su país de origen.

Pero, a diferencia del anterior, en este TBII ya se adivinaba una nueva tendencia musical en Oldfield: el “New Age”, un subgénero de la electrónica que, sin pretenderlo, Mike ayudó a su creación y a su proliferación junto a otros músicos como Jean-Michel Jarre, Vangelis, entre otros. Durante esta nueva década de los noventa, en mayor medida, fue con su siguiente trabajo, The Songs of Distant Earth (1994, WEA), una adaptación al estilo “space-opera sonora” de un libro de su admirado Arthur C. Clarke, el que afianzó su nuevo sonido. Esta oda a la ciencia ficción se encuentra entre uno de los discos favoritos y más queridos por todos sus seguidores, y son pocos los que repudian de esta obra, en su momento criticada hasta la saciedad.

Tras un disco típicamente de música celta titulado Voyager (1996, WEA/Reprise), recibido de manera muy desigual entre sus seguidores, Mike Oldfield tocaría su tercer y más criticado tubo: Tubular Bells III (1998, WEA), influenciado por su época de residente en Ibiza y sus juegas nocturnas… Pese a que la mayoría de fieles óldficos renegaron de este álbum, en su conjunto suena tan espectacular como atractivo por los estilos más variopintos que en este se combinan, aunque ya de clara tendencia new age e, incluso, techno en su tema central «Far Above the Clouds», entonado por una de las hijas del propio Oldfield. TBIII, en realidad, esconde algunos temas dignos para volverse fan del guitarrista en el acto como la sensual «Jewel in the Crown», la roquera «Outcast» o la única y deliciosa canción pop: «Man in the Rain». Fue gracias al lluvioso concierto de presentación televisado desde el Horse Guard Parade de Londres, el que ahora me está haciendo escribir estas líneas…

Oldfield acababa el milenio doblemente: Guitars (1999, WEA), un experimento sonoro en el que Mike se empeñó a tocar solo guitarras y The Millennium Bell (1999, Warner), un disco hecho prácticamente por encargo para festejar la noche del fin de milenio en un concierto multitudinario y televisado por todo el globo terráqueo, el cual fue una amalgama de sonidos y de músicas del mundo muy poco alabado por la mayoría de sus fans.

De alguna manera, Tr3s Lunas (2002, Warner Music Spain) ratificó el interés de Oldfield por la música electrónica yendo un paso más allá y convirtiéndose en el primer trabajo “chill out” en la carrera del músico de Reading. En general, fue otro trabajo mal recibido entre sus fans pese a tener canciones relajantes y bien elaboradas como «To Be Free», «Turtle Island» o «Misty». Sus seguidores criticaron el interés que Mike tenía por el mundo de los videojuegos, más que por la música en sí. Al año siguiente, Oldfield, quizá falto de ideas, decidió volver a interpretar su primer tubo con la tecnología que por aquel entonces existía, ya que nunca había estado satisfecho con la grabación del original. Tubular Bells 2003 (2003, Warner Music Spain), a mi jucio fue un disco totalmente carente de originalidad y que cerró su época con Warner con un regusto amargo por ambas partes.

«Tubular Bells III, pese a las duras críticas de algunos de sus fans, es tan atractivo como espectacular. Su tema central fue «Far Above the Clouds», de clara tendencia techno.»

Mike_Oldfield-Tubular_Bells_II_y_III_Live_(DVD)-Caratula

Oldfield en 1998, tocando su PRS Signature Vintage Yellow, durante el espectacular concierto de presentación de Tubular Bells III, en el Horse Guard Parade.

Oldfield y sus palos de ciego 

Tras acabar su trato con Warner, que funcionó a medias (época en la que se ganó su apelativo “Newfield” por el cambio en su dirección sonora), Oldfield continuó explotando su lado más chill out en su nuevo trabajo Light+Shade (2005, Mercury), álbum doble en el que ofreció al oyente sus dos lados: el más luminoso (Light) y el más oscuro (Shade). Pese a la innovación del proyecto y la sonoridad de muchas de sus canciones, (algunas de ellas recordaban a las de The Songs of Distant Earth), de nuevo el álbum tuvo poca repercusión entre sus fans.

El agotamiento de la “fórmula chill out” hizo que Oldfield probase con el género clásico (a lo Mozart) con una obra que se tituló Music of the Spheres (2008, Universal Classics and Jazz Mercury), pero fue un estilo en el que Oldfield no se notaba demasiado cómodo. El resultado, a mi juicio, fue una obra totalmente impostada, una de esas que tienes que oír casi por obligación.

En 2014, ya instalado en su nueva residencia de Bahamas, Oldfield volvía a cambiar de estilo y, de nuevo, probaba con la música rock que le hiciera popular en la década de los ochenta con un álbum titulado Man on the Rocks (2014, Virgin/EMI). Oldfield volvía a su discográfica de toda la vida, Virgin Records, tras ser absorbida en 1992 por la multinacional EMI. En el disco decidió usar otra voz, la del cantante de glam rock Luke Spiller, vocalista de The Struts. En este disco hubo de todo: grandes canciones como «Sailing» o «Man On The Rocks» mientras que otras fueron casi de vergüenza ajena como «Following The Angels» o «Irene»…

«Con Return To Ommadawn, disco casi suplicado por sus fans, Oldfield volvió a ser Oldfield.»

Y, por fin, llegamos a la gran obra compuesta por el Maestro desde hace más de dos décadas: Return To Ommadawn (2017, Virgin/EMI), un disco casi suplicado por sus fans que viene a raíz de una famosa encuesta que el músico hizo en una de sus redes sociales, en donde demandaba a sus seguidores por su disco más querido. Tras saber que era Ommadawn, Oldfield decidió volver a su estilo original, por el que se hizo popular durante los setenta, y componer un álbum a la antigua usanza: sin prácticamente ordenador y tocando un montón de instrumentos. El resultado fue uno de esos discos de Oldfield con un montón de matices y de melodías que no te cansas de escuchar, de una calidad muy superior a sus últimos trabajos. Oldfield, por fin, volvió a ser Oldfield.

MO-Bahamas

Mike Oldfield en su hogar de las Bahamas durante 2017, tras dar forma a su último disco hasta la fecha, Return to Ommadawn (Virgin/EMI).

¿Un cuarto, poco probable, tubo…?

Quizás las excesivas reapariciones de las campanas tubulares a lo largo de su dilatada trayectoria, le hayan mermado potencia y frescura al original. Aunque desde 2013, el propio Oldfield ha ido especulando con una cuarta parte de su famoso tubo (e incluso ¡hasta en forma de precuela!), lo cierto es que, desde 2018, no hay ninguna noticia más al respecto de Tubular Bells IV¿Nos regalará Mike su tetralogía tubular en vida…? Esperemos que pasen muchos años antes de que en su testamento les diga a los de la discográfica de turno: “Ahora ya pueden lanzar ustedes TB IV…”.

¡Por muchos años, Maestro!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s