101 canciones que TE RECOMIENDO escuchar antes de morir… (parte 2)

01/01/2019
Texto por: SAS
Vídeos: © Todos con licencia de YouTube

A continuación, me dispongo a “recomendar” brevemente al posible lector/a de esta entrada, una selección de las 101 canciones que, bajo mi humilde punto de vista como consumidor y crítico musical, recomiendo escuchar alguna vez antes de morir (aunque, casi siempre, la muerte no espere a nadie…) Nota importante: Las canciones no están ordenadas ni cronológicamente ni por preferencia, todas tienen su misma importancia y mérito en mi particular valorización. Esta es una continuación del listado que inicié en esta entrada: 101 canciones que TE RECOMIENDO escuchar antes de morir… (parte 1):

89) “Charlotte Sometimes” de The Cure. Reconozco que soy un fanático empedernido de The Cure pero, al margen de ello, recomiendo escuchar esta canción a todo aquel neófito que quiera iniciarse en esta banda o, simplemente, a todo aquel que quiera escuchar una de sus grandes canciones (que, por cierto, tienen muchas, pero esta quizás sea una de sus imprescindibles). A caballo entre dos de sus discos más oscuros, Faith (1981, Fiction Records) y Pornography (1982, Fiction Records) e inspirada en la novela homónima de Penelope Farmer, popular en Reino Unido, “Charlotte Sometimes” (A veces Charlotte) es una de las piezas claves del rock gótico de principios de los ochenta. Su ‘casero’ videoclip, protagonizado por una colegiala que deambula por un decimonónico edificio, en donde los tres ‘cures’ aparecen cual fantasmas en ese lugar, no deja de ser nostálgico a la vez que una pieza realmente ‘kitsch’.

88) “Ravage” de Skeleton Hands. Son muchísimas las bandas influenciadas por el grupo que hemos acabado de comentar en la posición número ochenta y nueve. Entre todos ellos, los americanos Skeleton Hands, con su increíble LP Gone (2013, Race Car Productions), no solo están a la altura de los Cure, sino que incluso los superan con algunas de sus canciones contenidas en este álbum como, por ejemplo, la elegida “Ravage” (Estrago). Con unos beats en la línea del synthpop más inconfundible de los Depeche Mode y unas guitarras salidas del mismo catálogo sonoro de Robert Smith (¡ojo!, no leáis esta última frase de manera literal), “Ravage” es la quintaesencia del Gone, así como la de la propia banda que lidera la vanguardia de la darkwave actual norteamericana. Muy recomendable el álbum entero.

87) “People Are Strange” de The Doors. Qué decir del grupo del malogrado Jim Morrison que no se haya dicho ya… Lo cierto es que casi no tengo palabras originales para ellos, pero me atrevería a decir, sin demasiados rodeos, que fueron los antecesores del sonido alternativo en plena época hippie. En 1967, los Doors parieron no solo uno de sus grandes álbumes, sino uno de los más sobresalientes de la historia del rock de todos los tiempos, Strange Days (Elektra Records). Con un estilo medio circense, medio R&B, medio psicodélico, medio ‘pre-gótico’ (sé lo que escribo, por eso entrecomillo lo que al/la lector/a le pueda sonar a disparate), “People Are Strange” es una de esas piezas clave, no solo de dicho álbum sino de la discografía entera de la banda.

86) “Stay Remember You (Stay Forever) de Emma Hewitt. Damos un salto musical de cuarenta y cinco años aunque, no demasiado alejado del estilo de los Doors está Emma Hewitt, antigua vocalista del desaparecido grupo Missing Hours con su impresionante álbum debut como solista, Burn The Sky Down (2012, Armada Digital). Influenciada por los ritmos bailables de principios del nuevo milenio y con una estética entre ‘lo emo‘ y ‘lo matrix’, la australiana escribió, junto a su hermano, Anthony Hewitt, un disco memorable. Entre tan buen material, destaco esta “Stay Remember You (Stay Forever)”, un medio tiempo nostálgico a la vez que tendencioso, que posee una melodía portentosa, al igual que todas las que componen el álbum.

85) “The Bitter End” de Placebo. Y si antes he hablado de estética ‘emo’ con la canción de Emma Hewitt, retrocedemos ahora unos cuantos añitos con una de las bandas más importantes del movimiento ‘emo’ que, a mi juicio, fueron una de las más grandes de la última hornada de finales del siglo XX. Estoy hablando, sin duda alguna, del grupo londinense liderado por el andrógino Brian Molko, Placebo. Siempre admiradores de la estética gótica de Robert Smith (Molko incluso ha tocado varias veces en directo con el líder de The Cure), Placebo lideraron el panorama de la música alternativa a finales del pasado milenio con álbumes como el homónimo Placebo (1996, Virgin Records) o Without You I’m Nothing (1998, Hut Rercords), con el que saltarían mundialmente a la fama con tracks como “Every You Every Me”. Sin embargo, no fue hasta que publicaron su cuarto Lp titulado Sleeping with Ghosts (2003, Astralwerks) que el grupo nos regaló una de sus más vibrantes y características canciones ‘marca Placebo’ de principio a fin: “The Bitter End”, y que suena a aquella agria sensación que todos hemos tenido al acabar una historia de amor, ‘guitarreada’ y cantada contundentemente por Molko, un genio de la música rock de la talla de David Bowie o de Robert Smith.

84) “I Will Possess Your Heart” de Death Cab for Cutie. No abandonamos la escena alternativa de la música indie (¿es que acaso hay más música?) para centrarnos ahora en un grupo formado en Washington por allá 1997 llamado Death Cab for Cutie (algo así como El taxi de la muerte para una chica linda). Ben Gibbard, fundador y líder de la banda, aclararía que tomó prestado el nombre de una canción de la banda Bonzo Dog Doo-Dah Band, interpretada en la película de los Beatles, Magical Mystery Tour (1967) pero que jamás pensaba que tendría mayor trascendencia. Sin embargo, el grupo obtuvo un éxito estratosférico con Transatlanticism (2003, Barsuk Records). A decir verdad, personalmente jamás me atrajo este álbum, con excepción de su canción homónima, una eterna balada de casi ocho minutos de duración. Sin embargo, otra de sus ‘eternas’ canciones, “I Will Possess Your Heart”, esta de su Narrow Stairs (2008, Atlantic Records) fue con la que me enamoré de su sonido que es elegante pero desaliñado, enrevesado pero sencillo, pulcro pero con algo de suciedad al mismo tiempo. De estilo personalísimo, este vídeo ganó un premio MTV al mejor montaje y realmente, lo merece (si no, díganselo a la santa paciencia de la chica protagonista…)

83) “Whirl” de Soft Kill. Tuve la enorme suerte de escuchar en directo esta canción cuando vi a esta magnífica banda hace poco en Sala Razzmatazz de Barcelona. Oriundos de Portland, Oregón, Soft Kill es una banda que aún no ha llegado a sus diez años de vida y ya ha conseguido cruzar el atlántico exportando su post-punk revival, semejante a los Interpol (óbviamente, cuando los Interpol eran buenos, no en los ‘Interpol’ que se han convertido ahora…). Más allá de eso, la banda se cataloga a si misma en su página de facebook como una banda de sad rock, un estilo musical derivado del post-punk y que, actualmente, parece que se ha puesto en voga. Decir de ellos que son los más claros herederos del sonido oscuro que caracterizaron a los Chameleons a mediados de los ochenta, grupo del que comentamos su canción más paradigmática, “Second Skin” durante la anterior parte de este listado y que os he linkado al principio de esta entrada.

82) “Madhouse Grass” de Asylum Party. Por allá, la antigua región de las Galias (actuales Bélgica y Francia) se coció buena parte de la música independiente con el surgimiento de la coldwave (ola fría). Buen ejemplo de ello fueron los franceses Asylum Party, banda de corta duración que convirtió los trabajos musicales de su escasa discografía en verdadera joyas de culto. Surgidos casi a finales de los ochenta y desaparecidos a principios de los noventa, me quedo con su último álbum Mère (1990, Lively Art), cuya cubierta parece rendirle homenaje al vídeoclip de los Cure, “Lullaby”. La verdad es que me ha costado lo mío quedarme con un solo tema de este álbum que raya la perfección. “Pure Joy In My Heart” y “Sur La Route” suenan con el brío propio de post-punk mientras que “It’s Over” y la instrumental “Euphoria” invitan a la contemplación propia de los Cure del Seventeen Seconds (1980, Fiction Records). Pero, a pesar de que me podría quedar con todas ellas a la vez, elijo “Madhouse Grass”, una canción a medio camino entre la luz y la sombra que reflexiona sobre la juventud y la locura, temas recurrentes en cientos de canciones punk ‘tardías’ (aunque hay quien asegura que el punk jamás murió).

81) “J’ai demandé à la luna” de Indochine. Y no salimos aún de nuestro país vecino para hablar de la banda más internacional que ha dado Francia hasta ahora: Indochine. Nacida al amparo de la new wave, se distinguieron de sus coetáneos Asylum Party por ser más ‘poperos’ que siniestros. Liderado desde sus inicios por el vocalista Nicola Sirkis, la banda que parecía casi extinta durante la década de los noventa, resurgieron en el nuevo milenio con el álbum Paradize (2002, Columbia Records), alcanzando la certificación de Disco de Diamante. Con su provocadora portada (la cual ilustra a una joven con torso desnudo y con gesto onanista), su canción más recordada y vitoreada fue “J’ai demandé à la luna” que, a pesar de su intimismo, se entona a manera de cántico nacional en sus conciertos. Es casi inevitable que no se te ponga la piel de gallina viendo el vídeo que te dejo a continuación…

80) “Where’s My Mind” de Pixies. Y para clausurar esta retahíla de himnos indies, hubiese sido imperdonable que me hubiera olvidado del más grande himno de la música alternativa de todos los tiempos: “Where’s My Mind?”, compuesto por la banda oriunda de Massachusetts, Pixies en su Lp de debut, Surfer Rosa (1988, 4AD). Versionada por un sinfín de grupos indies (entre ellos, algunos de los que hemos comentado en este mismo listado como Placebo), la canción ha ido saltando de generación en generación de jóvenes convirtiéndose en el estandarte de la eterna juventud (en el vídeo que os proporciono, resulta emocionante de ver a dos generaciones diferentes de músicos: Frank Black, autor original de la canción por un lado y a Brian Molko, por otro, siete años menor que él, cantarla a la par ante una audiencia enloquecida de jóvenes entonando los coros de la canción. Además, la recordaremos sempiternamente por ser la canción con la que acaba el film de culto El club de la lucha (1999, David Fincher) ilustrando su apocalíptico final.

¡Hasta el siguiente listado!

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