7 películas que nunca pensaste que eran «country movies»… ¡y lo eran!

15/06/2021
Texto: SAS
Fotos: © Columbia Pictures/SpectreVision/Amblin Entertainment/Warner Bros./Paramount Pictures

Nunca antes supiste que existía un subgénero cinematográfico llamado así: «country movies«, literalmente: «películas campestres» (aunque en castellano, se traduce mejor por “vida rural norteamericana”).

Son estas, pelis americanas ambientadas en zonas rurales que muestran el estilo de vida en pueblos y aldeas típicamente yankees, con una notable tasa de analfabetismo, aunque, en la mayoría de los casos que a continuación se exponen, sus gentes lucen con orgullo un marcado provincialismo en su característica manera de vivir. En algunas de ellas, no cabe la menor duda: La noche del cazador (1955, dir. Charles Laughton), Tomates verdes fritos (1991, dir. Jon Avnet) o la archiconocida Los puentes de Madison (1995, dir. Clint Eastwood) son claros ejemplos de «country movies«. Sin embargo, hay otras en donde no está tan claro, teniendo el elemento “country” sólo como telón de fondo…

En motivo del inminente estreno de una country movie como lo será, ni más ni menos, que la tercera parte de los Cazafantasmas, como lo oyen, vamos a repasar brevemente este apasionante subgénero que tiene mucho que ver con esta estación veraniega, con amores estivales y recuerdos de niñez o de juventud. ¿A que no sabías que…


Ghostbusters: Más allá (2021, dir. Jason Reitman) era una country movie? Más que era, va a ser, porque Jason Reitman, hijo del mismísimo Ivan Reitman, director de las dos anteriores entregas ochenteras ―Los Cazafantasmas (1984) y Cazafantasmas II (1989)―, vuelve a traernos una historia de fantasmas basada en los personajes originales, aunque esta vez mudará la gran urbe de Nueva York por un pueblecito de Oklahoma, donde una familia con un apellido muy familiar para la audiencia (no spoiler, please) comenzará a indagar cosas sobre su pasado. Una de esas country movies que jamás nos hubiéramos esperado…

El color que cayó del espacio (2019, dir. Richard Stanley) era una country movie? De hecho, quizá sea la country movie más clara de las que presentamos en este listado. Esta película ―basada en la historia corta homónima del maestro del terror literario norteamericano, H. P. Lovecraft― se ambienta en una casa de campo típica yankee, en cuyos alrededores cae un misterioso meteorito procedente del espacio exterior con un raro contenido luminiscente que empezará a sembrar el terror entre la familia Gardner… Nicolas Cage encabeza el reparto de una película que, injustamente, fracasó de manera estrepitosa en taquilla haciendo la ridícula cantidad de 1 millón de dólares (a nivel mundial…).

Twister (1996, dir. Jan de Bont) era una country movie? Por supuesto. ¿Dónde os creéis que se originan los tornados más espectaculares del planeta? Pues en las estepas norteamericanas, entre los estados de Oklahoma y Kansas. Allí es donde precisamente tenía lugar esta narración sobre un grupo de científicos “frikis” obsesionados por estos destructivos fenómenos de la naturaleza, con historia de amor y desamor de por medio. El fallecido Bill Paxton y la bella Helen Hunt interpretaron a la explosiva pareja de un filme que se desarrollaba a lo largo de planícies norteamericanas y andrajosas casas de estilo colonial, con unos impresionantes efectos especiales para la época y una banda sonora de lo más menospreciada, obra de un tal Mark Mancina.

Atrapado en el tiempo (1993, dir. Harold Ramis) era una country movie? Pues sí. El mayor clásico menor de culto de los noventa (aunque suene la frase a galimatías, no lo es) era también una película que ensalza la vida rural norteamericana por encima de todas las cosas. Phil Connors (Bill Murray), por muy misántropo que sea al comienzo del filme, irá descubriendo, día tras día, el sentido de la vida en el pueblo de, atención: Punxsutawney (vaya con el dichoso pueblecito…), lugar donde tienen la estraña tradición de que una marmota predice el final del invierno. Una peli con un sabor rural inolvidable.

Doc Hollywood (1991, dir. Michael Caton-Jones) era una country movie? Sí, además de una película hecha a medida para su estrella: Michael J. Fox, al inicio del declive de su carrera. Su cara aniñada empezaba a endurecerse un poco gracias a esas gafas de sol ovaladas (al estilo John Lennon) y con ese coche rojo de ejecutivo que, por accidente, recala en un pueblecito dejado de la mano de Dios. Allí cumplirá condena una temporada como el médico local, al tiempo que conocerá a una atractiva lugareña con la que vivirá un apasionado romance estival. Es cuando “Doc Hollywood” empezará a replantearse sus aspiraciones de cirujano plástico al cogerle el gusto a tal entrañable comunidad campestre. Country movie deliciosa e infravalorada.

Aracnofobia (1990, dir. Frank Marshall) era una country movie? Naturalmente. La película en sí es una de las más paradigmáticas de los años 90. Frank Marshall, productor salido de la “factoría Spielberg”, asumió su debut como director cinematográfico construyendo un relato casi perfecto sobre un médico con pavor a las arañas (de ahí, su sugerente título). La acción de la película transcurre en el fictício pueblo de Canaima, mejor dicho, en la aldea. Un nuevo médico y su familia llegan a dicha localidad: el Dr. Ross Jennings (Jeff Daniels), en cuyo granero anida una especie de araña provinente de la selva venezolana. El arácnido se coló en el ataúd de un fotógrafo local, aparejándose con arañas autóctonas norteamericanas, y dando como resultado una nueva especie mortal. El filme se presentó con el apelativo de “thrill-omedy”, un cruce entre comedia negra y película de suspenso, inspirándose directamente en la narrativa hitchcockniana de Los pájaros (1963). Se convirtió rápidamente en una película de culto, gracias, entre otras cosas, a la promo que le acompañó el propio nombre de Steven Spielberg como executive producer

Único testigo (1985, dir. Peter Weir) era una country movie? Sin lugar a dudas. De hecho, una de las primeras y más exitosas de dicho subgénero. La dirigió Peter Weir (El club de los poetas muertos, El show de Truman) y fue interpretada por una de las celebrities más codiciadas del cine de los ochenta: Harrison Ford, que da vida a un duro detective de la policía en su misión de proteger a un niño amish que, de manera fortuita, ha presenciado un asesinato. En sus pesquisas, el detective descubre que los asesinos son miembros de la propia policía que quieren liquidar tanto al testigo como a su protector. La película se convierte en country movie cuando el personaje de Harrison Ford debe ocultarse entre la comunidad Amish, un grupo etnorreligioso conocido principalmente por su estilo de vida sencilla y por su rechazo a la tecnología. La escena más famosa es la que todos los hombres de la comunidad construyen la casa de una pareja amish recien casada mientras las mujeres cocinan, al ritmo de una banda sonora inolvidable compuesta por Maurice Jarre, padre del famoso músico electrónico Jean-Michel Jarre. Todo un clásico de los ochenta a revisitar.