«Wonder Woman 1984»: mensajes subliminales a mansalva

14/01/2021
Texto: SAS
Fotos: Warner Bros. Pictures / DC Films / Atlas Entertainment

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ASIMISMO, SE ADVIERTE QUE ESTA ENTRADA PUEDE CONTENER UNAS IDEAS QUE PUEDEN DAÑAR LA SENSIBILIDAD DE ALGUNO/AS LECTORE/AS.

Wonder Woman 1984 está repleta a rebosar de mensajes subliminales.

Un mensaje subliminal es una señal o dispositivo preparado para que penetre por debajo de los límites normales de la percepción, calando en el subconsciente de los individuos. Por ejemplo, es famoso el experimento de publicidad subliminal que coló el publicista James Vicary en la película Picnic (1957, dir. Joshua Logan) en donde insertó breves frames (fotogramas) durante seis minutos del metraje donde podían leerse frases como «Hungry? Eat pop-corn and Drink Coca-Cola» (¿Hambiento? Coma palomitas y beba Coca-Cola). El resultado es que en la taquilla del bar experimentó un aumento considerable en sus ventas ―después Vicary acabó negándolo todo pero, ¿no sería para eludir la multa o la cárcel…?―.

Al margen de la ética del experimento, esto demuestra dos cosas: que los mensajes subliminales existen y que con ellos se pueden implantar en el individuo ideas, mensajes o hasta CONDUCTAS para “obligarlos” a actuar o a pensar de una determinada manera. A veces, los mensajes subliminales se insertan en partes muy determinadas de la trama de una película para “sugerirle” algo al espectador que, aunque no se haya dicho explícitamente en la pantalla, nuestro subconsciente, en cambio, sí que ha percibido algo “extraño”. Pues de esos mensajes subliminales, Wonder Woman 1984 está repleta a rebosar.

1984 o el nacimiento del «Big Brother»

Hollywood se ha convertido en los últimos decenios en una máquina propagandística de ideas subliminales que deberían ir diametralmente en contra de lo que la película sugiere.

El año elegido por los productores del filme ―The Stone Quarry, con logo sospechosamente masónico, productora de Zack Snyder entre ellas― no está elegido al azar. 1984, además del año del estreno de Los Gremlins (dir. Joe Dante) y Los Cazafantasmas (dir. Ivan Reitman)―filmes capitales en la cultura de los años ochenta―, es el título de la famosa y referencial novela de George Orwell escrita en 1948 y publicada 1949. Orwell predijo en ella un estado totalitario y estrictamente vigilante con la presencia omnipresente de un ser cuasi divino, el llamado ‘Gran Hermano’ (Big Brother, en inglés). En Wonder Woman 1984, el arquetipo de ‘gran hermano’ lo juega el personaje de Maxwell Lord (Pedro Pascal) erigiéndose cual siniestro genio de la lampara de Aladino para hacer realidad todos los deseos de la gente, pero a un precio muy caro, casi contraproducente.

Durante el clímax de la película, llegamos a una apocalíptica secuencia en la que Diana Prince, como solución al desastre mundial que ha provocado Maxwell Lord, renuncia al deseo que había pedido, produciéndose una torrencial acción en cadena en la que cada individuo del planeta verbaliza “renunciar a su deseo”. Esta frase se repite al menos veinte veces durante el clímax provocando el consecuente pensamiento del espectador: “renuncio a mis deseos”. Primer mensaje subliminal al descubierto.

Hollywood se ha convertido en los últimos decenios en una máquina propagandística de ideas subliminales (justo como el experimento de «come palomitas» y «bebe Coca-Cola» al que hemos aludido antes) que deberían ir diametralmente en contra de lo que la película sugiere. En unos oscuros tiempos de pandemia global, el único deseo a compartir por todos debería ser, por supuesto, salir de esta asquerosa situación social que se ha instaurado a nivel mundial de ‘cuestionables tapabocas’, ‘absurdas leyes’ sin tener que renunciar, por ello, a ninguno de nuestros deseos: “pensar en positivo”, como precisamente se tergiversa a lo largo del vomitivo filme.

¿Una apología de la pederastia?

Corre el rumor de que en Hollywood las relaciones sexuales entre hombres adultos y niños se están percibiendo cada vez más normales, y que la legalización de la pedofilia es uno de los objetivos a cumplir de la llamada ‘Agenda 2030’, tema que parece hacerse eco el filme dirigido por Patty Jenkins.

Está a la orden del día. La pederastia no es algo nuevo en Norteamérica. Hay muchos filmes que, de una manera u otra, tratan este tema. Desde Taxi Driver (1976, dir. Martin Scorsese) pasando por American Beauty (1999, dir. Sam Mendes) o Donnie Darko (2001, dir. Richard Kelly) hasta la más reciente Hard Candy (2005, dir. David Slade). Todas ellas ponen de manifiesto esta ‘incómoda’ cuestión que, cada vez más, se está normalizando dentro de la ‘doble moral americana’. A decir verdad, un documental de 2014, An Open Secret, de acceso libre en la plataforma Vimeo, revela mucho de esos ‘secretos a voces’ sobre el tema de los abusos sexuales a niños por parte de algunos de los hombres más poderosos de Hollywood ―por citar alguno de los casos más flagrantes, el del malogrado Corey Haim, una de las pequeñas estrellas de la película Lucas (1986, dir. David Seltzer) o Jóvenes ocultos (1987, Joel Schumacher ), que declaró públicamente haber sido forzado sexualmente durante su niñez―.

Pedro Pascal, triunfando recientemente como bravío cazarrecompensas en la serie de Disney+ The Mandalorian, interpreta a Maxwell Lord, ese magnate con aspiraciones de ser dios, quien tiene un hijo aparentemente de ascendencia asiática ―raza particularmente azotada por la esclavitud sexual infantil…―.

Aludiendo nuevamente a la serie de Star Wars (atención: gran spoiler! ***en la que, al final de la segunda temporada, el guerrero mandaloriano entrega a ‘baby Yoda’ sano y salvo a manos del mismísimo Luke Skywalker en una escena pseudo-romántica entre el varonil mandaloriano y el tierno bebé verde***), en esta película en concreto, Pascal parece volver a tener un especie de pseudo-drama romántico con su propio hijo al que reencuentra en una escena digna del mejor de los finales de Love Story (1970, dir. Arthur Hiller) o de Titanic (1997, dir. James Cameron). ¿Es esta una apreciación personal o quizás el rol de padre severo y poco dado a expresar los sentimientos paterno filiales, que posiblemente debiera darle unos valores más rectos y autoritarios, diera, en este filme, la sensación de todo lo contrario, demostrando así un amor incondicional y poco convencional por su propio hijo…?

Corre el rumor de que en Hollywood las relaciones sexuales entre hombres adultos y niños se están percibiendo cada vez más normales, y que la legalización de la pedofilia es uno de los objetivos a cumplir de la llamada ‘Agenda 2030’. La verdad, no se me ocurre mejor manera que ir preparando al respetable con escenas tan ambiguas como a la que me estoy refiriendo. Segundo mensaje subliminal al descubierto.

¡Ah!, y por lo demás, la peliculita está entretenida.

Valoración global: *1/2 (Película-propaganda que manda al espectador una serie de mensajes ambiguos, totalmente contraproducentes. Mejor, no la vea).