Los 3 primeros LP’s de… The Sound

26/04/2026
Texto: SAS
Fotos: © Korova / WEA / Discogs.com

Adrian Borland, alma mater y malogrado frontman de la banda de post-punk y rock gótico, The Sound, bien podría haber formado parte del famoso «Club de los 27» si no se hubiese suicidado a los 41 sino catorce años antes, totalmente abatido por su esquizofrenia paranoide y sus frustaciones vitales debido a una ansiada fama que jamás llegó a disfrutar en vida… Pero ya dicen que la justicia llega, aunque sea tarde. A veces demasiado… A día de hoy, aun sin ser un artista demasiado reconocido, cualquier entendido en la escena del rock británico de principios de los ochenta podría equiparar a Borland con artistas de la talla de Ian McCulloch (Echo And The Bunnymen), Mark Burgess (The Chameleons) o, incluso, con el mismísimo Ian Curtis (Joy Division).

A pesar de que los comienzos de Borland fueron en la banda The Outsiders, de escasa discografía, fueron sobre todo los tres discos que aquí someramente repasaremos, los que hubiesen podido catapultar a esta banda a convertirse en una llenaestadios, de haber tenido una promoción adecuada y un poco más de suerte. Porque, como dicen en el mundo del espectáculo, «el talento a veces no lo es todo»…

El grupo formado por Adrian Borland (voz y guitarrista zurdo), Graham Bailey (bajo), Michael Dudley (batería) y Colvin «Max» Mayers (teclados) —con el paso fugaz de Bi Marshall por la banda— hizo una suerte de pop melancólico con una fuerte base post-punk, sazonado por toda la estética sonora de los teclados imperantes de la primera new wave.

Mi experiencia personal con ‘el sonido’ de Borland…

Corría el año 1985, y el que aquí escribe estas líneas, tan solo contaba seis primaveras en su corta e insignificante vida. Pero aún recuerdo vívidamente el momento en que The Sound actuaron en un programa de la televisión autonómica catalana (TV3), en el mítico magazine Àngel Casas Show, conducido por el famoso y reputado periodista, Àngel Casas. Tocaron dos temas: «Counting the Days» y «Total Recall», pero yo solo recordaba el primero, «Counting the Days», como si de un bucle en mi mente se tratase, con el increíble teclista Colvin «Max» Mayers apretando las teclas ―por cierto, malogrado al igual que Borland, ya que mordió el polvo a la temprana edad de treinta dos años, víctima de, por aquel entonces, una nueva enfermedad llamada sida…―.

El grupo formado por Adrian Borland (voz y guitarrista zurdo), Graham Bailey (bajo), Michael Dudley (batería) y Colvin «Max» Mayers (teclados) —con el paso fugaz de Bi Marshall— hizo una suerte de pop melancólico con una fuerte base post-punk, sazonado por toda la estética sonora de los teclados imperantes en la primera oleada de la new wave.

Aquel sonido vaporoso y nostálgico (a pesar de que yo aún ni siquiera sabía lo que era la «nostalgia») me cautivó por completo, metiéndoseme desvergonzadamente en mi cabeza de renacuajo… Ese ‘sonido’ volvería a aflorar muchos, muchos años después (tantos como casi cuarenta…). Pero lo cierto es que, por más lustros y décadas que pasaron en mi vida, esa canción («Counting the Days») ―no incluida, por cierto, entre los álbumes que comentaremos―, continuaba intacta en mi cerebro a pesar de todos esos años, dispuesta a hacerme redescubrir esta banda injustamente menospreciada en su momento. Con el pasar de los años (que casi siempre es el mejor de los jueces), The Sound se ha convertido en un tótem de lo que se llamó «la nueva oleada del rock británico», tan solo con sus 3 primeros álbumes…

Jeopardy (1980)

El disco con más tintes de punk rock fue el que inauguró la discografía de The Sound, Jeopardy (1980, Korova), publicado tras su primer EP, Physical World (1979, Tortch Records), del que tan solo reciclaron la enigmática «Unwritten Law» para el álbum. Con una suerte de sonidos a caballo del post punk y una rítmica aún próxima al punk rock —género musical que acababa de fallecer metafóricamente con la muerte real de Sid Vicious, el 2 de febrero de 1979—, Jeopardy marcó una evolución estilística respecto al punk más ortodoxo con la introducción de los teclados ambientales tocados en este disco por la teclista Belinda «Bi» Marshall —en el siguiente trabajo musical los tocaría el teclista de color, Colvin «Max» Mayers, tras ser despedida del grupo durante una trifulca en una de sus giras—. En el repertorio de estas tempranas canciones de la banda, ya podemos observar cómo Borland luchaba continuamente contra su esquizofrenia en la explícita, «I Can’t Escape Myself«: «So many feelings pent up in here/ Left all alone, I’m with the one I most fear/ I’m sick and I’m tired of reasoning/ Just want to break out, shake off this skin/ I, I can’t/Escape myself» («Tantos sentimientos reprimidos aquí./ A solas, estoy con el que más temo./ Estoy enfermo y cansado de razonar./ Sólo quiero salir, sacudirme esta piel./ No puedo,/ escapar de mi mismo»). De rítmica convulsa y teclados ominosos, este tema capital dentro de la discografía de The Sound refleja el carácter paranoide de su cantante y teclista. Hay otras canciones que suenan algo más optimistas en el álbum como «Heartland» o «Heyday», pero en general, el álbum adelanta las luces y las sombras de lo que vendrá un año después…

Valoración global: ***1/2 (Para los amantes fervientes del punk tardío, con himnos muy remarcables como «Heyday», «Missiles» o «Resistance», muy idóneos para un pogo sin límites).

From The Lions Mouth (1981)

Cuesta creer cómo un disco tan reverenciado en su momento por la crítica especializada, en cuya perfección no solo radica la quintaesencia de la banda de Borland sino que, con el paso de los años, se ha convertido en una verdadera pieza de culto, así como en uno de los álbumes clave del rock gótico, pasara sin pena ni gloria en el momento de su publicación. El segundo elepé de The Sound, From the Lions Mouth (1981, Korova) es, sin duda alguna, una de las gemas ocultas más valiosas y desconocidas dentro de la historia del rock alternativo. Sin embargo, este no gozó del impacto comercial como otros de caracteristicas similares —a saber, el Closer (1980, Factory Records) de los Joy Division o el Faith de los Cure (1981, Fiction Records)—. Aun así, From The Lions Mouth es un LP impecable de principio a fin, sin ínfulas de ser un disco-concepto, aunque realmente se acabase convirtiendo en eso. Desde «Winning», la cual es toda una declaración de intenciones de Borland, luchando de nuevo contra su ‘alter ego maligno’, hasta «New Dark Age«, —un ominoso himno incomprendido, clara herencia estilística del mencionado grupo de Ian Curtis—, el segundo elepé de The Sound, caracterizado por los nuevos teclados de Colvin «Max» Mayers, es uno de los discos más reivindicables de la historia del rock alternativo. «Fatal Flaw«, «Judgement» y «Possession» marcan el trío ideal para los que sufren de bilis negra y que, junto a las líneas de bajo hipnóticas que Graham «Green» Bailey se marca en temas como «Sense of Purpose» o «The Fire«, convierten la escucha de este elepé en algo tremendamente adictivo. Además, el gusto exquisito que se ilustra en la portada pintada por Briton Rivière, es el ribete perfecto que necesitaba el álbum para convertirse en toda una pieza de arte.

Valoración global: ***** (Uno de esos álbumes que no te dejan indiferente tras escucharlo, cuya belleza reside en el sentimiento opresivo que Adrian Borland sentía debido a su esquizofrenia, de la cual el líder de The Sound nos hace partícipes en diez surcos verdaderamente inolvidables. Obra clave dentro del rock gótico).

All Fall Down (1982)

Cuando todo el mundo nos pensábamos que Talk Talk fueron casi los pioneros en el género del art rock o el rock de vanguardia con álbumes tan personales como Spirit of Eden (1988, Parlophone/EMI) o Laughing Stock (1991, Verve/Polydor), resulta que cuatro años antes, The Sound ya estaban innovando en ese mismo sonido con la canción «Song and Dance» recopilada en su tercer LP de estudio, All Fall Down (1982, WEA). Es más, ¿a alguien le suena la banda canadiense ‘hiperdemoda’ en estos momentos, Angine de Poitrine, que con su rock disonante y atonal parece ‘estar innovando musicalmente’…? Pues para todos aquellos que os penséis eso, convendría primero que escucharais una canción como «Glass and Smoke«, el penúltimo corte de este disco, y luego volvemos a hablar (yo también quedé impresionado…). The Sound pretendieron hacer un largaduración «claramente anticomercial» tras las férreas críticas de su anterior discográfica (Korova) y sus presiones para que hiciesen un disco que se pudiera vender fácilmente. Como respuesta, Borland y los suyos cambiarían de discográfica y apostarían por un sonido totalmente anticomercial. Los críticos de la época tacharon al disco como un completo fiasco en la carrera de The Sound, pero con los años los especialistas musicales lo han acabado considerando como uno de sus mejores LPs, opinión que suscribe el aquí firmante. En «Party of the Mind», Borland insiste en sus temas personales con la esquizofrenia, mientras que la preciosa balada de «Monument» habla sobre sentimientos de amor (quizás) no correspondidos y «We Could Go Far», con su atmosfera casi etérea, habla de temas místicos y teosóficos. Ciertamente, un disco hecho para no todos los oídos.

Valoración global: **** (Álbum totalmente adelantado a su época. Incomprendido y menospreciado, luego alabado y reverenciado por muchos que bebieron de él).

 
Borland se suicidó a sus 41 años, víctima de una esquizofrenia paranoide y totalmente abatido por una ansiada fama que jamás llegó.

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