«”Ready Player One” o la lección no aprendida de Spielberg».

05/04/2018
Texto: SAS
Fotos: © Warner Bros. Pictures / Amblin Entertainment / De Line Pictures / Penguin Random House / Image / Dan Winters

¡¡ATENCIÓN: ADVERTENCIA IMPORTANTE DE SPOILERS!! ESTE ARTICULO CONTIENE INFORMACIÓN SOBRE PARTE DEL ARGUMENTO DE LA PELÍCULA.

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«El que escribe estas líneas se identifica como un ferviente seguidor de toda esa cultura geek retratada en la película aunque también está bastante descolocado y profundamente decepcionado por la última película de mi idolatrado Steven Spielberg.»

Un ‘friki’ decepcionado

No voy a perder demasiado el tiempo redactando esta entrada así como tampoco describiendo, con interminables párrafos de verborrea geek, cada una de las innumerables referencias que, la adaptación cinematográfica del bestseller Ready Player One, escrito por Ernest Cline, uno de los mayores ‘frikis’ sobre la faz de la tierra, hace a la cultura pop de los años 80. Irónicamente fue el propio Steven Spielberg, director de esta función, quien construyó esta misma cultura popular junto con algunos de los mejores directores de su generación como Robert Zemeckis, George Lucas o Ridley Scott. Lo cierto es que el que escribe estas líneas se identifica como un ferviente seguidor de toda esa cultura geek retratada en la película aunque también está bastante descolocado y profundamente decepcionado por la última película de mi idolatrado Steven Spielberg.

Cline o el mesías de los geeks

Aunque el verdadero padre de todo esto no es del todo Steven Spielberg sino un cuarentón con cara de simpático criado por la saga de Regreso al futuro, los videojuegos de Atari y el mundo de Matrix llamado Ernest Cline. Novelista, guionista, artista e, incluso, poeta, Cline empezó como guionista escribiendo una secuela jamás realizada de la película de serie B muy famosa entre la cultura friki titulada The Adventures of Buckaroo Banzai Across the 8th Dimension y saltó definitivamente a la fama por su guión “ultra-friki” de Fanboys, un fiasco comercial pero que se convirtió rápidamente en película de culto por su alto contenido en material geek y cultura pop, en donde unos “pirados” pretenden asaltar en 1998 el Rancho Skywalker, el headquarter de George Lucas, para robar una copia del Episodio I de Star Wars.

Cline mereció la mirada de Steven Spielberg para la adaptación a la gran pantalla de su bestseller Ready Player One, que lo ha consagrado como uno de los mesías más grandes de la cultura geek.

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Izquierda, portada original del bestseller Ready Player One en su edición americana publicada por Penguin Random House. Derecha, foto del autor del libro, Ernest Cline, con su DeLorean personal.

Por todo ello, Cline mereció la mirada de Steven Spielberg para que este le adaptara a la gran pantalla su bestseller Ready Player One, una jugada definitiva para consagrar a Cline como uno de los mesías más grandes que han habido en cuanto a cultura popular se refiere, y más en concreto, si tenemos que referirnos al subgrupo social de los geeks.

Distopía anodina

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«Hitchcock ya dijo que todo lo que un cineasta pudiera explicar en imágenes, debía prescindir de las palabras; un error en el que Spielberg parece caer una vez tras otra.»

Pero aunque la jugada le podría haber salido redonda, Spielberg cae en un error en el que lleva cayendo años, ya desde que filmó Minorty Report en 2002, otra película de carácter cyberpunk, donde erró en el final del filme. Y es que el principal defecto que radica en Ready Player One (lo siento, desconozco si también es el caso de la novela de Cline) es la trivialidad con la que se plantea la historia de un futuro distópico lo suficientemente trascendente como para ser tomado más en serio, sobre todo en el típico “final explicado” con el que el director de E.T. tiende a acabar sus películas.

Alfred Hitchcock, uno de los grandes maestros del cine contemporáneo, ya dijo que todo lo que un cineasta pudiera explicar en imágenes, debía prescindir de las palabras; un error en el que Spielberg parece caer una vez tras otra a sus setenta y un años. La cinta se desenvuelve con más o menos fluidez pero es en la última bobina donde el director de Ohio vuelve a “cagarla” de manera ostensible con un final ridículamente anodino donde se fuerza el happy end spielberiano (marca de la casa), algo totalmente anacrónico y pasado ya de moda. Parece que Steven hizo novillos ese día en el que Hitchcock daba la lección…

«El director de Ohio vuelve a “cagarla” de manera ostensible con un final ridículamente anodino en donde se fuerza el happy end spielberiano, algo totalmente anacrónico y pasado ya de moda.»

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Valoración global: *** (Un Spielberg que vuelve a ser Spielberg pero que debería plantearse dejar de serlo un poco…)

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