7 álbumes debut de la «new wave» que me impresionaron la primera vez que los escuché

25/04/2018
Texto: SAS
Fotos: © FunFactory! / Warner Music Group Company / Blue Apple Music / Sony Music Entertainment International Ltd. / Universal Music Group / 4AD Ltd.

Hacía tiempo que quería escribir esta entrada que he ido postergando por la impasible actualidad —Los últimos jedis, en diciembre del año pasado; The Disaster Artist, en enero de este año; Ready Player One, el pasado mes de marzo—. Este mes, sin muchas novedades a la vista, voy a escribirla con todo el cariño y con toda la tranquilidad del mundo, antes del inminente estreno de Han Solo: una historia de Star Wars, que me temo dará mucho de sí…

Siempre he pensado que son en los álbums debut donde un grupo dará lo mejor de sí. Estos 7 álbumes tienen una cosa en común: los 7 fueron los álbumes debut con los que sendos grupos se dieron a conocer. Algunos de ellos de vida muy corta (Joy Division, Talk Talk), otros con una meteórica carrera (The Cure, Depeche Mode) y otros más modestos pero con mucha influencia dentro de lo que se denominó a lo largo de los 80 como la new wave (The Chameleons, Pink Turns Blue y/o Dead Can Dance). Os presento desde mi humilde weblog Panorámica de las artes esta, creo yo, magnífica selección de los 7 álbumes debuts más impresionantes de la historia de la new wave —al menos de los que yo he escuchado, y ya llevo unos cuantos…—.

1) Three Imaginary Boys (Fiction Records, 1979): Nevera Hoover, aspirador y lámpara de pie sobre fondo rosa.

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Lol Tolhurst, Michael Dempsey y Robert Smith: The Cure.

Todo un clásico de la new wave británica. El 8 de mayo de 1979 veía la luz el primer álbum de los ingleses originarios de Crawley: The Cure (curiosamente también el año que vio la luz de este mundo el mismo que escribe estas líneas). Con melodías propiamente surgidas del post-punk y una lírica emparentada con la corriente literaria existencialista —se puede leer a Albert Camus en varios de los estribillos del disco—, Robert Smith, el chico tímido con flequillo a lo Beatle, estaba en la antesala de crear el rock gótico en su siguiente obra, Seventeen Seconds (Fiction Records, 1980). Muchos consideran este último la primera obra auténticamente “curana” mientras que otros dijeron que The Cure jamás volverían a hacer un disco tan bueno como este, su álbum debut. Además, este álbum tiene la peculiaridad en que Robert Smith aún no era el líder de la banda sensu stricto, liderazgo por el que rivalizó con el bajista Michael Dempsey. Sea como fuere, The Cure son un mito de la historia del rock y en este álbum encontramos joyas como 10:15 Saturday Night, Fire In Cairo y la propia Three Imaginary Boys. Otras se quedaron en el tintero como Faded Smiles, Play With Me o la preciosa balada Winter, aunque gracias a la edición Deluxe del álbum, editada en 2004, tuvimos ocasión de poder gozarlas.

2) Unknown Pleasures (Factory Records, 1979): Líneas distorsionadas electromagnéticas —en realidad son ondas de radiofrecuencia emitidas por un púlsar— sobre fondo negro.

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Peter Hook, Ian Curtis, Stephen Morris y Bernard Sumner: Joy Division.

Esta fue una de las dos piezas totémicas, no sólo de los mancunianos Joy Divison, sino de la historia del rock y, más concretamente, de la música indie. Joy Division ya debutaron en 1978 con el EP An Ideal for Living. Sin embargo no fue hasta el año siguiente con la publicación de su Lp, Unknown Pleasures cuando la banda liderada por el enigmático vocalista Ian Curtis —que pasó a la historia como un mártir tras su suicidio repentino al año siguiente, justo antes de iniciar su gira por Norteamérica— no comenzó a triunfar de verdad en su país natal. Sin lugar a dudas, la leyenda de los Joy Division se forjó debido al trágico suicidio de Curtis, aunque el productor del este disco, Martin Hannett también tuvo parte del mérito. Hannett decidió experimentar con la banda de Manchester obteniendo un sonido totalmente nuevo, grabando baterías en la azotea del estudio para evitar acoples y descubriendo así sonidos inauditos. Un disco de difícil escucha las primeras veces aunque va ganando a medida que se va reproduciendo. She’s Lost Control, Shadowplay y Day of the Lords son la quintaesencia del afterpunk, así como son las piedras angulares de un álbum legendario.

3) Speak & Spell (Mute, 1980): Cisne plastificado sobre espinas y fondo rojo.

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Martin Gore, Andy Fletcher, Dave Gahan y Vince Clarke: Depeche Mode.

La primera portada del álbum de los británicos Depeche Mode, nacidos en Basildon, condado de Essex, y obra de Brian Griffin, fue la más odiada por el grupo. Sin embargo, a día de hoy, se ha convertido en todo un símbolo de la banda, al igual que el disco entero. Depeche Mode lanzaron con este, su disco debut, una de las obras inaugurales del llamado synthpop —es decir, el pop compuesto por sintetizadores—. Fue la primera y la última vez que el joven talentoso e inconformista músico, Vince Clarke colaboraría en un disco de Depeche Mode. Tras su repentina marcha dejaría bombazos como Just Can’t Get Enough o New Life, que catapultaron inmediatamente la carrera de los Depeche al estrellato. La mayoría de los temas estuvieron compuestos por Clarke excepto dos: Tora! Tora! Tora! y Big Muff, compuestos por un joven raro y algo excéntrico llamado Martin Gore —el portador del sombrero trilby en la foto—, que lideró las composiciones de la banda tras la marcha de Clarke y que orientó el sonido posterior del grupo hacia unos derroteros más oscuros con el que alcanzaron el mainstream, algo que muy pocos han logrado a lo largo de más de treinta años de carrera. Visto ahora en perspectiva, resulta curioso que los Depeche empezaran con un disco tan luminoso como este Speak & Spell.

4) The Party’s Over (EMI, 1982): Ojos de labios con lágrima en tez blanca sobre fondo gris.

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Simon Brenner, Mark Hollis, Lee Harris y Paul Webb: Talk Talk.

Talk Talk fueron uno de los grupos más inclasificables y experimentales del britpop de los años 80. Surgidos dentro de la corriente del synthpop, los londinenses debutaron en 1982 con este The Party’s Over con éxitos tan grandes como la misma canción que dio nombre al grupo: Talk Talk o Today. La rúbrica del álbum la puso la homóloga The Party’s Over, un tema con cariz épico que suena liviano en un principio pero que tiene un final apoteósico con unos acordes típicamente orientales. El líder de su banda, Mark Hollis —el personaje vivaracho que aparece sentado en la foto del grupo— se convirtió en uno de los cantantes con más personalidad de su generación, quizá junto a Robert Smith de los Cure e Ian Curtis de los Joy Divison. Cuando editaron sus dos últimos álbumes de clara tendencia experimental y minimalista fue cuando EMI dejó de apostar por ellos y finalizaría el legado de los Talk Talk, uno de los menos reconocidos de la historia del rock.

5) Script of the Bridge (Statik, 1983): Niño a lápiz llorando a primer término y paisajes desolados al fondo.

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Mark Burgess, Reg Smithies, John Lever y Dave Fielding: The Chameleons.

Y si continuamos hablando de legados musicales menospreciados, ineludiblemente debemos remitirnos a la carrera musical de los de Middleton, The Chameleons. En 1983, publicaron su disco debut, Script of the Bridge y, de manera automática, los compararon con grupos como The Cure o U2. Pero el grupo liderado por el bajista Mark Burgess fue mucho más que eso aunque, inmerecidamente, jamás alcanzaron el mainstream. De hecho, yo mismo los conocí hace poco tiempo, escuchando sus primeros álbumes en el Spotify. Script of the Bridge es un álbum que seduce por su atmósfera etérea e hipnótica, un álbum donde cada componente del grupo realiza perfectamente su labor: Mark Burgess está sublime a la voz y al bajo; Reg Smithies y Dave Fielding realizan un increíble dueto a las guitarras demostrando que ambos podían rivalizar sanamente en las sugerentes melodías del álbum y, por su parte, el fallecido John Lever está pletórico a la batería marcando ritmos de ecos militaristas. Es casi imposible destacar varios temas entre tanta perfección pero, si vuestro tiempo es demasiado limitado como para escucharlo entero, Here Today, Second Skin, Up the Down Escalator, Less Than Human y View from a Hill.

6) Dead Can Dance (4AD, 1984): Máscara africana sobre fondo negro.

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Peter Ulrich, James Pinker, Lisa Gerrard, Brendan Perry y Scott Roger: Dead Can Dance.

Pese a que eran cinco los miembros iniciales de la banda nacida en la alejada Australia, fueron Brendan Perry y Lisa Gerrard sus miembros más conocidos y los compositores de la mayoría de los temas del álbum debut homónimo publicado en 1984: Dead Can Dance. Ambos fueron multinstrumentistas y vocalistas en todos los discos de la banda. Sin embargo, en este, su primer álbum, decidieron adoptar sonidos próximos a la corriente post-punk para dar comienzo a una prolongada carrera musical que se orientaría, en álbumes venideros, hacia la llamada corriente world music —músicas del mundo—. No obstante, en este álbum ya podemos escuchar sonidos étnicos de gran influencia tribal como en la canción Frontier o en la inaugural The Fatal Impact —con parte de sonido regrabado de la película Zulú dirigida por Cy Endfield en 1964—. Este fue el sonido que popularizó a la banda de Gerrard y Perry, aunque en este álbum preponderan los ritmos bailables y oscuros, como The Trial o Threshold, de gran parecido a las primeras canciones de The Cure o de los Cocteau Twins pero con un plus de misticismo del que sólo podían ofrecernos Dead Can Dance.

7) If Two Worlds Kiss (Fun Factory!, 1987): Hombre gritando con efecto de posterizado.

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Reinhold Walter, Andreas Plappert y Mic Jogwer: Pink Turns Blue.

La cara de la new wave en Alemania durante los 80 tuvo quizá su mayor punto de expresión con la banda berlinesa liderada por Mic Jogwer, Pink Turns Blue y cuyo álbum debut: If two Worlds Kiss, publicado en 1987 fue toda una obra maestra de la corriente gótica germana. Canciones como I Codly Stare Out, When It Rains o la homónima If Two Worlds Kiss son un buen ejemplo del talento y la creatividad de este grupo que, desgraciadamente, pasó sin pena ni gloria por los escenarios musicales pero, sin embargo, tuvieron una enorme trascendencia en el desarrollo de la dark wave, no solo alemana sino a nivel mundial.

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