Bill Murray, un cómico excelente con ganas de dejar de serlo…

23/09/2018
Texto por: SAS
Fotos: © Columbia Pictures / Touchstone Pictures / Focus Features / Tohokushinsha Film Corporation (TFC) / American Zoetrope / Fox 2000 Pictures / Smokehouse Pictures

Este mes de septiembre ha cumplido 68 años el actor y comediante norteamericano, Bill Murray, famoso por sus interpretaciones en supertaquillazos de los años ochenta como Cazafantasmas y su secuela Cazafantasmas II, filmes de culto como Atrapado en el tiempo o Ed Wood y películas consideradas obras maestras del cine independiente como Lost in Translation o Flores rotas. Todo ello ha contribuido a legitimar la carrera interpretativa de Murray como una de las más solventes e imprescindibles de cuantos cómicos tenga o haya tenido Hollywood. En este dossier, que inaugura una nueva sección en este humilde weblog en la categoría “Biografías”, repasaremos brevemente el legado de este gran actor, cuya popularidad ha ido a la par de su fama de divo que se ha ganado entre el gremio de actores y que le ha ocasionado algún que otro problema con algún compañero de profesión que a continuación os desvelaremos:

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Murray en el cartel de El pelotón chiflado (Stripes, 1981) parodiando el famoso cartel del tío Sam “I Want You!” para reclutar a soldados americanos.

Murray comenzó su carrera en comedias alocadas “a la americana” que lo categorizaron como un actor de comedia de talante histriónico pero aportando, además, cierta sobriedad.

Bill Murray, un comediante forjado los “sábados por la noche”

Bill Murray saltó a la fama en su país de origen en el añejo programa de humor norteamericano, de emisión en la NBC, Saturday Night Live, una especie de “Buenafuente” pero con muchísima más historia dentro de la televisión de los EE.UU. Corría el año 1975 y, por aquel entonces, la cara de niño travieso de Murray rápidamente caló entre los productores cinematográficos, solicitándolo para alocadas comedias “a la americana” como Meatballs (aquí traducida como Los incorregibles albóndigas) (1979, Ivan Reitman). Más tarde vendría El club de los chalados (1980, Harold Ramis) y la celebérrima Stripes (aquí, El pelotón chiflado) (1981, Ivan Reitman) que categorizaron a Murray como un actor de comedia del talante de John Candy, Steve Martin o John Belushi. A pesar de ello, Murray aportaba algo más que el histrionismo de ellos: sobriedad.

Bill Murray “agarrando esos fantasmas”

Esto que voy a decir hace de mal articulista de cine pero ¿alguien no capta el chiste del titular? Para quien no lo entienda, que consulte en Imdb.com la filmografía del cineasta Peter Jackson y entenderá el chiste. Aclarado esto, tras las alocadas comedias citadas, Murray trabajó en un par de telefilmes sin demasiada repercusión mediática hasta que en 1984 llegó el verdadero salto al estrellato para Murray en la legendaria película Cazafantasmas (1984, Ivan Reitman). El logro de esta cinta fue muchísimo más allá de su secuela, Cazafantasmas II (1989, Ivan Reitman), fue un fenómeno sociológico del tamaño de Star Wars en 1977. En este filme, que se vendió como “una comedia sobrenatural”, Murray hizo una de sus interpretaciones más memorables dando vida al inolvidable y entrañable Dr. Peter Venkman, un cantamañanas doctorado en psicología y parapsicología (o al menos, esas son las credenciales que le da a un antipático funcionario medioambiental a lo largo de la primera parte de la saga).

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Bill Murray interpretando al Dr. Peter Venkman en un fotograma de Cazafantasmas (Ghostbusters, 1984), una de sus más celebradas interpretaciones como científico sinvergüenza.

Pese a que el papel del desvergonzado doctor Peter Venkman fue el que catapultó la carrera de Murray a niveles estratosféricos, el actor siempre renegó de este papel y se opuso, con uñas y dientes, a interpretarlo de nuevo en una tercera parte de la saga. No obstante, en el reboot femenino del filme de 2016 dirigido por Paul Feig, Murray dio vida a un nuevo personaje, al Dr. Martin Heiss, un férreo desacreditador de lo sobrenatural, con el que Murray casi se interpretaba a sí mismo en cuanto a la antipatía que le tiene a esta fantasmagórica y divertida saga cinematográfica. Mención aparte merece Scrooged (aquí traducida como Los fantasmas atacan al jefe) (1988, Richard Donner), una interesante revisión del Cuento de Navidad de Charles Dickens modernizado, en donde Murray volvía a lidiar con el mundo de lo sobrenatural.

En 1984 llegó el verdadero salto al estrellato para Murray en la legendaria película Cazafantasmas, la cual fue un fenómeno sociológico del tamaño de Star Wars, aunque el actor siempre renegó del papel del entrañable Dr. Peter Venkman y se opuso a interpretarlo de nuevo en una tercera parte de la saga.

Bill Murray “atrapado en la comedia”

Confío ahora en la inteligencia del lector para no tener que volver a explicar el chiste del titular, pero quizá a alguien le falte algo más de información para entenderlo. Daré más detalles. Tras la archiconocida saga de los Cazafantasmas, a Bill Murray tan solo le llovían comedias y más comedias. Algunas de las más celebradas fueron ¿Qué pasa con Bob? (aquí, What About Bob?) (1991, Frank Oz), sí, ese Frank Oz, el que le puso la voz a nuestro querido maestro Yoda. En este film, Murray interpretaba al neurasténico Bob Wiley que conoce a un afamado y ególatra psiquiatra, Leo Marvin, interpretado por el actor (también versado en la comedia) Richard Dreyfuss, con el que precisamente tuvo serios problemas de ego en el set de filmación. El propio Oz aseguró que la tensión durante el rodaje fue insoportable y que Dreyfuss era incapaz de soportar mucho tiempo a Murray. Eso se trasladó bien a la pantalla pese a ser una de las comedias más infravaloradas en la filmografía de Murray. Luego vino otro de sus clásicos más aclamados: Groundhog Day (aquí, Atrapado en el tiempo) (1993, Harold Ramis).

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Bill Murray dándose un buen lingotazo de café en Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, 1993). Total, ¿qué importa la hipertensión cuando no puedes palmarla?

En este filme, Murray interpretaba a Phil Connors, un “hombre del tiempo” que se quedaba literalmente atrapado en un mismo día, el Día de la marmota, famoso en la localidad americana de Punxsutawney, donde una marmota pronostica cuánto más va a durar el invierno. La interpretación de Murray es sencillamente extraordinaria, teniendo que evolucionar día tras día para poder soportar otro día más en ese pueblo y radiar siempre la misma noticia. Aunque esta deliciosa y entrañable comedia también se cobró otro de los brotes de ego de Murray, esta vez con su director, el tercer cazafantasmas y amigo personal de Murray desde hace años, Harold Ramis. Murray y Ramis no se volvieron a hablar en casi veinte años tras el rodaje de Atrapado en el tiempo, y solamente hicieron las paces pocos días antes del fallecimiento de Ramis.

¿Qué pasa con Bob? y Atrapado en el tiempo fueron las dos comedias que afianzaron a Bill Murray como uno de los mejores cómicos de su generación.

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Bill Murray como el neurasténico Bob Wiley, amarrado en la proa de un bote en ¿Qué pasa con Bob? (1991), una de sus comedias más infravaloradas.

No me voy a extender demasiado, por no decir nada, en las comedias que Murray hizo para el director Wes Anderson, tales como Academia Rushmore (1998), Los Tenenbaums. Una familia de genios (2001), Life Aquatic (2004), Viaje a Darjeeling (2007) o, la más conocida, El gran hotel Budapest (2014) y alguna que otra más… Este, como David Lynch, es un director con una marcada impronta personal: o te encanta o lo detestas. En mi caso, lo detesto. Aunque ahí están para quien quiera revisárselas.

Bill Murray “perdido” por los dramas

Otro chiste en el titular… Bueno, ¡un “gallifante” para quien lo pille! A lo que íbamos. Pese a ser uno de los cómicos con más prestigio de Hollywood, Murray estaba deseando cambiar de registro. De hecho, este es un cliché bastante común entre actores cómicos: pasar a hacer dramas para despojarse de su faceta de “payasos” (ídem en los casos de Tom Hanks o de Jim Carrey). Dejando al margen El filo de la navaja (1984, John Byrum), el primer intento de drama para Murray que pasó bastante desapercibido entre el público y la crítica, otro de los intentos de “dramas” entre comillas para Bill Murray fue el de Ed Wood (1994, Tim Burton), en donde este interpretó a Bunny Breckinridge, un actor drag queen real y abiertamente gay perteneciente a la cuadrilla de actores con los que solía trabajar el estrafalario director, considerado por muchos años como el peor de toda la historia del cine (con permiso de Mr. Tommy “The Room” Wiseau).

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Murray dando vida a Bunny Breckinridge en Ed Wood (1994), un actor real que vivió la era dorada de Hollywood con su drama personal del cambio de sexo.

La gran oportunidad de Murray para interpretar un papel protagónico más o menos serio llegó de la mano de la hija del director Francis Ford Coppola, Sofia Coppola en la película Lost in Translation (2003).  Nominada a cuatro Óscars (incluido el propio Murray como Mejor Actor Principal), esta se llevó el Óscar al Mejor Guión Original, obra también de la misma Sofia Coppola. En ella, Murray interpreta a Bob Harris, un actor venido a menos que trabaja en Tokio (donde es considerado como una estrella) en spots publicitarios para una conocida marca de whisky japonesa. En el bar del hotel donde este se hospeda, conoce a una joven frustrada por el trabajo de su marido, una chica interpretada por Scarlett Johansson. Entre ellos surgirá una verdadera historia de amor y de desamor difícil de olvidar.

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Bill Murray posando en una sesión de fotos en el film de Sofia Coppola, Lost in Translation (2003), película que le mereció todos los honores para cambiar su registro cómico por otro más serio.

Luego, el realizador americano de cine independiente, Jim Jarmusch lo adoptó como uno de sus actores fetiches y, desde luego, Murray se dejó también adoptar. Empezó por interpretarse a sí mismo en Coffee and Cigarrettes (2003), una especie de película documental en donde diferentes famosos se hacen entrevistas a ellos mismos entre cigarrillos y tazas de café. Luego vino una película que cosechó numerosas nominaciones a lo largo y ancho del globo, tantas como 12 que no son pocas, Flores rotas (2005), también escrita y dirigida por Jarmush, en la que Murray se alejaba de toda vis cómica para interpretar a Don Johnston, un donjuán que debe ir en busca de todas sus ex-parejas para hallar a la madre de su hijo secreto. Más tarde, Andy García lo solicitó para el drama La ciudad perdida (2005) (ojo al titular) en el papel de un escritor afincado en la ciudad de La Havana durante el régimen opresivo de Batista, aunque el tono de su personaje aún fue excesivamente cómico. Luego, otra con Jarmush: Los límites del control (2009), en donde Murray tan solo hace una aparición estelar al final para morir con una cuerda de guitarra alrededor de su cuello (sic). Pero quizás los dos papeles más relevantes para Murray en cuanto a drama se refiere sean por un lado, Passion Play (2010, Mitch Glazer), un drama con aires a lo David Lynch, en donde Murray compartía cartel con Mickey Rourke y Megan Fox interpretando a un cruel capo de la mafia. Dicha película recaudó la friolera de, atención, 3.600 dólares. Sí, repito: 3.600 dólares y su presupuesto fue de 15 millones… Sin comentarios. El otro título con el que Murray empezaría a ganarse la fama de actor “serio” fue por la película Monuments Men (2014, George Clooney).

Bill Murray empezó a ganarse su reputación de actor “serio” con el drama Lost in Translation (2003) dirigido por la hija de Francis Ford Coppola, Sofia Coppola por el que estuvo nominado al Óscar como Mejor Actor ese mismo año.

Bill Murray;Bob Balaban

En Monuments Men (2014), Murray interpreta al sargento Richard Campbell, un arquitecto real que estuvo reclutado en el Programa de Monumentos, Arte y Archivos para salvar piezas artísticas de la mano de los nazis.

En líneas generales, vemos a un excelente actor cómico, que ha formado parte de algunas de las más representativas obras de arte de la cultura popular norteamericana, harto de su faceta de comediante, deseando trasladar su registro hacia papeles más “serios”. Como sucediera con el actor Jim Carrey, 10 años menor que el propio Murray, ambos pasarán más a la historia por sus mejores comedias que por algunos de sus insufribles dramas. ¡Feliz cumpleaños, Bill!

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